miércoles, 31 de mayo de 2017

Reseña #261. A solas con el aire, de Juan Besada

Portada de A solas con el aire de Juan Besada, donde se puede ver un precipicio que se está rompiendo y un árbol en la parte sólida.

A solas con el aire


Editorial: Cuadernos del Laberinto
Páginas: 116
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788494626203
Precio: 12,00 €

Sinopsis

Te cuento, Rosaura, que cuando llegué por vez primera a Santaégida si no reconocía el pavimento de sus calles no era porque nunca hubiese estado antes. Es verdad que no conocía sus jardines, ni el paseo del Parque Central, ni siquiera la playa ni la iglesia; pero no era el hecho de no haber estado nunca lo que me desorientaba, sino algo más sutil y que tiene que ver con el reverso de las cosas.
Santaégida es la otra orilla, el mundo al que Juan Besada, a través de las páginas de A solas con el aire, nos invita a regresar una y otra vez, la Ítaca de Ulises o la Tagen Ata de Méndez Ferrín, siempre a la búsqueda, para volver a nacer y vivir otra de esas «varias vidas» entre las que, como nos confiesa el narrador, «la que estoy viviendo ahora ya la soñé y viene de otra anterior, una imprevista en la que también soñaba, y ésa sí la recuerdo», cuando pintaba «los destellos de la luz bailando con la brisa en las copas de los árboles, en las hojas, amarillas, dejándose caer hasta posarse sobre las matas, esa orgía de colores.» Los personajes de A solas con el aire viven en un contínuo desdoblamiento entre «la región de los sueños náufragos» y Santaégida, «la orilla en la que cada vida es muchas vidas» y a la que Juan Besada nos invita para compartir sentimientos y emociones que sólo al leerlos, es decir, al soñarlos, renacen para convertirse en relatos.

Reseña

Un interesante libro no recomendado para todos.



Bueno, pues me gustaría explicaros un poquito la trama de este libro, pero después de leerlo volví a releerlo ya que no sabía de qué iba, y ese es el principal motivo de que haya tardado un poquito más en terminar esta reseña. Mi conclusión no ha quedado del todo clara sobre el tema principal del libro, y no he sido capaz de cogerle el hilo como me gustaría.

Lo que sí puedo deciros es que estamos ante un libro compuesto por 14 relatos basados en el amor, la desesperanza, la ilusión...
Son relatos bastantes filosóficos, incluso añadiría que oníricos; esa forma de los protagonistas de expresarse es tan tradicional que viajas al pasado al tiempo que recorres cada una de sus frases. Si algo tienen en común todos los relatos es el pueblo en el que se desarrollan cada una de las historias, Santaégida.
Gracias a las magníficas descripciones de Juan Besada somos capaces de trasladarnos allí con solo leer uno de sus capítulos.

Estamos ante una narración poética, con palabras muy bien escogidas y delicadas. Su autor es capaz de jugar con ellas para presentárnosla en una prosa muy bien conseguida, aunque desde mi punto de vista algo de difícil de seguir si no se está acostumbrado a este tipo de lecturas. La sensación que percibo es como si los relatos estuvieran escritos de forma inconexa.

Mujer joven con pamela blanca y naranja soplando una especie de dientes de león de color azul y naranja.

«Ya estoy de nuevo desdoblándome. Esta sensación de ser un tú no me divierte, sin embargo, y me asusta, así que prefiero hablar sola con la mirada extraviada en la bombilla, extraviada y estrábica, en un monólogo sin interlocutor en el que las palabras, por la ausencia de un tú donde buscar cobijo, ascienden con el aire cálido y se abrazan a la lámpara,[...]. Y esto, lo de abrazarse las unas a las otras, lo hacen para no extraviarse ninguna por las corrientes cuando abro a ventilar.»


Tengo que destacar que hay una cosa que me ha resultado bastante curiosa. Cuando llegué al final del libro, en el apéndice, no me he encontrado con un solo signo de puntuación ni mayúsculas. Si está así preparado para llamar la atención, desde luego que cumple con su cometido, aunque reconozco que al principio me descolocó un poco y entraña una dificultad añadida.

Me gusta mucho la parte romántica del libro, es un lenguaje sumamente antiguo sí, pero encierra una profundidad que cautiva y enamora, que se puede percibir de forma clara a pesar de la complejidad de la lectura. Además, el corto número de páginas permite que la idea de «abandonar» el libro no sea consistente.
Sin embargo lo que menos me ha gustado es no haber sido capaz de disfrutarlo como realmente se merece.

Si os gusta los relatos llenos de pensamientos filosóficos y sueños profundos, os recomiendo este libro.

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